TAL VEZ ME LLAME JONÁS

Yo no soy nadie:

Un hombre con un grito de estopa en la garganta

y una gota de asfalto en la retina.

Yo no soy nadie: ¡Dejadme dormir!

Pero a veces oigo un viento de tormenta que me grita:

Levántate, ve a Nínive, ciudad grande, y pregona contra ella.

No hago caso, huyo por el mar y me tumbo en el rincón

más oscuro de la nave

hasta que el viento terco que me sigue

vuelve a gritarme otra vez:

¿Qué haces ahí, dormilón? ¡Levántate!

Yo no soy nadie: Un ciego que no sabe cantar.

¡Dejadme dormir!...

Pero un día me arrojaron al abismo,

las aguas amargas me rodearon hasta el alma,

la ova se enredó en mi cabeza,

llegué hasta las raíces de los montes,

la tierra echó sobre mí sus cerraduras para siempre...

(¿Para siempre?)

Quiero decir que he estado en el infierno...

De allí traigo ahora mi palabra.

y no canto la destrucción,

apoyo mi lira sobre la cresta más alta de este símbolo...

Yo soy Jonás.

(León Felipe)

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jueves, 9 de junio de 2011

JONÁS II


JONÁS 1, 3-4
Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de Yahveh, y bajó a Joppe, donde encontró un barco que salía para Tarsis: pagó su pasaje y se embarcó para ir con ellos a Tarsis, lejos de Yahveh. Pero Yahveh desencadenó un gran viento sobre el mar, y hubo en el mar una borrasca tan violenta que el barco amenazaba romperse.
Lejos de Yahveh. 
Jonás no entiende los mandatos de Dios y desde su razón y sus criterios juzga su voluntad y la rechaza. Olvida su condición de criatura y asume el timón de su propia vida marcando el rumbo en dirección contraria a la que Dios le indica, repitiendo lo que hizo Adán. 
Éste es el esquema religioso que el hombre repite infinidad de veces a lo largo de la Biblia.
1) Dios se revela y surge la fe, las ganas de seguirle, el descubrimiento de una verdad que hasta entonces se desconocía.
2) La fe se propaga, se extiende: libera al hombre, le habla al corazón, le llena de gozo
3) El entusiasmo inicial cede ante los escollos de la vida y el hombre se siente inseguro. Así, con lo que sabe, cose un abrigo al que llama Dios y se lo pone, cumpliendo requisitos externos que sustituyen la voluntad de Dios. La razón de fondo es que el hombre no acepta ser criatura, sino creador y busca recurrir a Dios sólo si lo necesita, sólo cuando lo necesita. El tiempo restante, lo llena de ritos para no quedar mal, pero también sin comprometer sus criterios y sus afanes de dirigir la propia vida.
La Biblia dedica dos poemas a hablar de la Creación. 
En el Primero nos habla de Dios como artífice de todo lo creado. 
En el Segundo describe la entrada del mal en el mundo. 
Según el primer relato de la creación, Dios va construyendo todas las cosas mediante su palabra: crea, ordena y comprueba que todo es bello y bueno. Sin embargo, esa actitud cambia cuando nos llega el turno a nosotros: excepcionalmente al hombre le moldea con fango, usando para ello sus propias manos y dedicando al menester creador toda su atención y su mimo. Una vez hecho Adán, le confía la responsabilidad de cuidar el jardín que le ha regalado y establece una sola ley: puede comer de todos los árboles del jardín salvo de uno. 
Ahí empieza el Segundo Relato.
La única prohibición de Dios expresa la idea de libertad. 
El ser humano es libre, pero no absolutamente libre, sino más bien potencialmente libre. La libertad nace con él y con el crece. Así, un bebé no es libre, porque carece de dos posibilidades: la de elegir y la de hacerse a si mismo. La libertad es, pues, embrionaria y ha de desarrollarse a través de un sin fin de elecciones que a lo largo de la vida habremos de tomar. En este desarrollo necesita también un cauce, el reconocimiento de unos límites impuestos por la presencia de los otros, que igualmente son libres. En el proceso de educar, cualquier progenitor responsable sabe que debe pasar gran parte de su tiempo prohibiendo cosas a un niño. Si esa fase se omite , el daño al niño es difícilmente reparable. Esa limitación, ese árbol del que no podemos comer, nos lleva a envidiar a un Dios que en su eternidad es enteramente libre... ¡queremos ser como el!
Jonás nos expresa así la tentación más honda de todo ser humano: rechazar nuestra condición de criaturas y embarcarnos en dirección contraria. 
Hay que remarcar que la prohibición de comer del árbol del bien y del mal es limitativa, pero no impeditiva. Una lavadora no puede dejar de lavar la ropa o aplicar un programa de lavado diferente al que se le dicta al encenderla. Por eso que lave bien no es virtud, sino un correcto funcionamiento. Su libertad está impedida. Si en vez de una lavadora es una persona quien lava, por muchas instrucciones que se le den, siempre depende de ella obedecer o no. Las instrucciones de su jefe en ese sentido sólo pueden ser limitativas. Por eso si hace bien la colada es virtud y no sólo un funcionamiento correcto. 
Si la lavadora lava mal es que está estropeada. 
Si la persona lava mal es que es desobediente o perezosa. 
Adán no es una lavadora, no ha sido programado para impedir que coma, ni el árbol es inaccesible. Adán si puede comer de ese árbol (de ahí su libertad) pero no debe hacerlo.
Dice un cuento judío que cuando Dios creó el árbol del Jardín del Edén se ató las manos: el hombre sería libre y el creador ya no tendría control sobre la criatura. “Y qué harás?”. Le preguntó la Sabiduría. Entonces el Señor creó lo único que puede remediar los desmanes de un hombre libre: la conversión.
Hans Honas, que sufrió en sus carnes el Holocausto, esclarece la actitud de Dios ante el mismo usando un mito similar que explica que Dios, para crear el mundo desde la nada hubo de contraerse para dejar sitio a la nada fuera de si sitio y desde ahí crear. Esta retracción hace de Dios un Dios sufriente, que será mil veces defraudado por el hombre que ha creado, un dios en devenir, que recibirá constantes experiencias del mundo y un Dios preocupado, porque el mundo está en manos de agentes ajenos a él y que no puede controlar. Es por tanto un Dios en peligro, porque al admitir la libertad humana ha renunciado a ser todopoderoso, se ha autolimitado.
El proceso narrado en el Génesis es un apasionante tratado de psicología. Primero Dios prohibe a Adán (Eva aun no está) comer de ese árbol. Luego Adán hace un primer acto religioso: añade un plus y prohibe a Eva no sólo comer el fruto del árbol sino también tocarlo. 
Es fácil ver a la serpiente aprovechándose de la religiosidad de Adán mientras se restriega sin morir contra la corteza del árbol... 
Y es fácil captar la trampa en la que Eva cae: Si eso de que al tocarlo mueres es mentira, también será falso que comer equivalga a morir... 
Eva come y descubre su error, pero en vez de asumirlo, lo extiende. Mal de muchos consuelo de bobos, dirá el refrán popular. Adán come también: Atrapado en el sentimentalismo, escucha antes la propuesta de su esposa que a Dios mismo. 
Lo que sigue es típico en nuestra especie: nadie es responsable del mal que causa, todo el mundo señala a otro como culpable y trata de buscar coartadas y excusas a su obrar. Como consecuencia la gratuidad se va, el mal en forma de vejez, enfermedad y muerte penetra en la esencia de la criatura que desobedeciendo hace de si mismo un creador que conoce el bien y el mal y hace de su vida aquello que le place. 
Pero si los hombres somos libres para pecar, Dios es libre para salvarnos. Es el padre del hijo pródigo, que igual que cada tarde paseaba por el jardín con él, cada tarde saldrá a esperarlo.
Y el ciclo del pecado sigue, pasando de los padres a los hijos: Una vez roto el “amarás a Dios con todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas” romper el “y al prójimo como a ti mismo” es el siguiente eslabón de una dura cadena. 
Caín, que se cree víctima de una injusticia, se hace juez y parte y se encomienda a si mismo la responsabilidad de equilibrar la balanza y acaba con la vida de Abel. Sigue el camino iniciado por sus padres: es dueño de hacer su vida, de eliminar lo que le estorba, de matar. Aun así Dios no lo extermina, le marca para que no le dañen y le ofrece así la posibilidad de enmendar su error.
El tercer gran pecado descrito en el génesis ya es colectivo: el orgullo. Pasamos así de lo personal a lo social. En Babel se proponen llegar al cielo construyendo una torre. Hombres que conquistan la técnica y hablan el mismo idioma, se alían contra Dios: Si la humanidad colabora entre sí –se dicen- Dios no podrá hacer nada. 
¿No? 
Confundir los lenguajes. 
Cuando lo que habla es la ambición, los intereses individuales de las personas acaban enemistándolas y rompiendo la unión que hubiera hecho posible la realización del proyecto. Sin embargo cuando interviene la libertad de Dios y baja el Espíritu Santo personas diferentes entienden aquello que predica un torpe pescador de Galilea, como en Pentecostés.
El pecado del hombre (el asumir el lugar de Dios y decidir qué es lo bueno y que es lo malo, qué hago con mi vida y quien merece o no morir, el bastarse a si mismo y alejarse de Yahveh, la huida a Tarsis) hace penetrar el mal en el mundo. 
El problema del mal es muy profundo. De hecho es uno de los mayores misterios de Dios, sobre todo ese mal del que nadie es responsable, un mal que podríamos llamar inocente: un terremoto, una gran tormenta, una enfermedad, sobre todo si afecta a niños... Por ejemplo, este año a una compañera de mi trabajo un coche, al dar marcha atrás, arrolló a su hija de tres años y la mató. Este tipo de acontecimientos ponen en entredicho la providencia y el amor de Dios por que nos enfrenta a una pregunta básica: ¿Por qué Dios no lo impide? 
Si no lo hace por que no quiere, entonces Dios es malo. Y si no impide el mal por que no puede, entonces Dios no es Dios. 
Y, honestamente, no hay respuestas
El libro de Job pone sobre el tapete otra pregunta terrible: Tradicionalmente se dice que los buenos y los malos recibirán una recompensa según sus obras. Así, sino de inmediato si en un cercano futuro, los buenos serán felices como pago a su bondad y los malos tremendamente desgraciados. 
Así lo afirman la ancestral sabiduría de la Biblia, los salmos y el 99 % del cine de Holliwoood. 
Pero ¿Qué pasa con el justo que sufre? 
Los amigos que supuestamente consuelan a Job buscan la salida fácil ¿no será que aparentaba sólo su justicia? 
Job sabe que no. (Jb 29,12-17) y discute con Dios hasta darse cuenta de que no va a tener respuestas en un plano lógico porque Dios, al que ahora si conoce, es totalmente Otra Cosa de lo que el hombre puede imaginar o razonar y que más que elaborados discursos requiere un acto de fe, sabiendo que a ese exceso de mal Dios va a responder con un exceso de amor: la cruz aparece en el horizonte
Volviendo a Jonás: 
Dios le envía a Nínive, el corazón del enemigo que ha destruido el Templo, arrasado Jerusalén y exiliado a Israel. 
Le envía a hablarles del perdón y la misericordia. 
Actualicémoslo: Jonás, sobreviviente de Auschwitz, víctima de una cadena interminable de persecuciones 
¿Irá a predicar al Tercer Raich? 
¿Perdonará?

viernes, 17 de septiembre de 2010

JONÁS Y YOM KIPPUR

Hoy a la caída del sol empezará el Yom Kipur, el "Día del Perdón", la fiesta más solemne del calendario judío. Durante 25 años el arrepentimiento y la recepción del perdón de los pecados son los sentimientos dominantes. Por eso se viste de blanco, no se come ni se bebe, tampoco se mantienen relaciones conyugales, no se fuma ni se cocina ni se conduce, no se pueden usar zapatos de cuero.
Israel se paraliza.
De hecho, el aeropuerto  Ben Guirion, y su espacio aéreo permanecen cerrados desde la 01:00 de esta madrugada y no habrá nuevos despegues hacia las 22:30 de mañana sábado.
El silencio se hace oír.


Una de las múltiples plegarias que se elevan ese día es la llamada "Maftir Iona", en la que se proclama el libro de Jonás.  
A continuación adjunto un comentario del  Rabino Daniel Oppenheimer sobre Jonás:

Se acerca Iom Kipur y, como todos los años, leeremos una de las historias más llamativas del Tana”j:  la odisea del profeta Ioná ben Amitái.  Dado que los Sabios eligieron esta lectura como la más apropiada para uno de los momentos más delicados del año, debemos intentar entender el significado que nos quiere transmitir.  Comencemos, entonces, relatando la historia y luego la podremos analizar.
Ioná era uno de los más célebres profetas de Israel.  Vivía en la época de Ieravam ben Ioash, rey de Israel (en aquellos tiempos, el pueblo judío estaba dividido en dos reinos:  Israel y Iehudá), durante la era del 1er Bet HaMikdash.  Ioná era alumno de Elishá, discípulo del profeta Eliahu (Elías) y había sido el encomendado de ungir a Iehú, abuelo de Ieravam para reemplazar a la contumaz dinastía de Omrí.  Corría alrededor del año 3105 (645 antes de la era común).  Los Sabios identifican, además, a Ioná con el niño resucitado por el profeta Eliahu (Melajim 1 cap.17), lo cual acredita su nombre “ben Amitái”, pues se ratificó (Emet) en este hecho la autenticidad de la profecía de Eliahu..
Ioná recibió una orden Di-vina:  ir a Ninevé, la capital del imperio asirio y advertirle a su población acerca de su inminente destrucción, como consecuencia de su nefasta conducta (robaban, calumniaban a la gente, blasfemaban a D”s...)
Ioná no quiso ir.  ¿Por qué?  Los resultados de esta misión eran previsibles:  si la gente de Ninevé se arrepentiría y corregiría su comportamiento, esto se convertiría en una obvia recriminación en contra del pueblo judío, quien seguía firme en su obstinada manera de pecar.  Dado que Ioná no quería participar de esta evidente imputación en contra de los hermanos judíos a quienes amaba profundamente, decidió fugarse.  (Obviamente, la exigencia Di-vina hacia los judíos es inmensamente superior que los requerimientos demandados a los asirios.  Sin embargo, la analogía podía darse, dejando mal parados a los judíos).  En las palabras de los Sabios:  “Ioná demandó el honor del hijo - Israel, por encima del honor correspondiente al Padre -D”s (Mejilta 28).
Ioná emuló de este modo la actitud de Moshé Rabeinu quien, a su vez, ofreció ser borrado del texto de la Torá antes que permitir que el pueblo de Israel fuese destruido por el pecado del becerro de oro.
Había una razón adicional a su intento por desoír el pedido de D”s.  Previamente Ioná había sido enviado a Ierushalaim (capital del reino sureño de Iehudá) para llevar un mensaje similar de advertencia.  El mensaje había sido escuchado y obedecido.  Ierushalaim se salvó (Pirke d’Rabi Eliezer).  Sin embargo, en aquella oportunidad los necios habían acusado a Ioná de ser un profeta falso (alarmista, fanático, exagerado, ortodoxo, etc.), “demostrando” su tesis de fantasía con los hechos que no se habían consumado de acuerdo al vaticinio de Ioná.  (La verdad es que si una profecía de amonestación no se cumple en la práctica, esto no establece la falacia del profeta, pues podía ser que la reparación moral de la gente tornó innecesario el castigo).  Ioná quería evitar una nueva acusación de tal índole, pues sentía que sería un agravio hacia D”s, (cuando la gente cree que apercibe y no cumple).  Ioná, como Moshé, no quería convertirse en un instrumento que derivara en un Jilul HaShem (profanación del Nombre de D”s).
Pero... ¿acaso es posible escaparse de D”s?  Evidentemente no. 
Ioná quería eludir la profecía.  Sabiendo que el nivel espiritual fuera de Israel es inferior al de la tierra de Israel, Ioná razonó que saliendo de Eretz Israel, D”s no le hablaría más y quedaría exento de cumplir con esta controvertida misión.  Se dirigió hasta el puerto de Iafo y pagó por una embarcación que lo alejara de su tierra, de sus hermanos y de la propia profecía.  Esta acción no fue la acertada a pesar de las nobles intenciones de Ioná, quien incurrió así en la prohibición de retener la profecía (Talmud Sanhedrín 89.)
Mientras navegaba hacia Tarshish, se levantó una tormenta que azotaba precisamente el sitio por donde pasaba la embarcación, haciendo peligrar al barco y a su gente.  Mientras Ioná se acostó a dormir, la tripulación comenzó a invocar a sus dioses sin resultado.  Al notar que la  tempestad no era habitual, hicieron una lotería para determinar quien era el responsable.  El sorteo cayó sobre Ioná.  Éste dio a conocer su identidad hebrea, su creencia en D”s “del Cielo y de la Tierra” y el motivo de su culpa.  Los marineros se asustaron y le pidieron  que les dijera qué deberían hacer para salvarse del temporal.  Ioná les respondió que el mar se calmaría únicamente si lo arrojaban al mar.  Los tripulantes quisieron evitar llegar a esto e intentaron infructuosamente acercar el navío hacia la orilla (sentían que estaban frente a una persona sagrada).  Sin embargo, al ver que sus esfuerzos eran en vano, rogaron a D”s que no los culpara por lo que estaban por hacer.  Tomaron a Ioná y lo echaron al agua, tras lo cual el mar se calmó.  Maravillados, los marineros se convirtieron al judaísmo y prometieron hacer lo mismo con sus familias (Pirke d’Rabi Eliezer 10).
Un pez designado por D”s tragó íntegro a Ioná quien permaneció en la panza del pez durante tres días.  Ioná no estaba muy cómodo dentro del pez y compuso allí un himno a D”s en el cual se arrepintió de su acción.  El pez despidió a Ioná en la orilla y Ioná volvió  a recibir la temida orden:  “Ve a Ninevé y adviertele”.
Ioná fue.  Ninevé era una gran metrópoli que requería tres días para caminarla de punta a punta.  Ioná anunció a todos que la destrucción era inminente (las palabras textuales son: “y Ninevé ‘nehefejet` = se transformará”, la misma palabra utilizada respecto a la destrucción anterior de Sodoma, pero que en este caso alude a lo que realmente sucedió finalmente, pues los habitantes de Ninevé modificaron su actitud).  La gente escuchó a Ioná y se estremeció.  Avisaron al rey, quien mandó la orden de ayunar, de vestir ropa de duelo y de corregir sus malas acciones, dando él mismo el ejemplo.  “D”s observó su proceder que se habían apartado del mal y no destruyó a Ninevé”.
Se  había cumplido lo que Ioná había temido.  Ninevé se había salvado, mientras Ioná permanecía a un borde de la ciudad, en una cabaña que había construido, para contemplar los acontecimientos.  Ioná estaba tan enfurecido por el curso de los eventos que pidió morir.  Se sentía impenitente por estar cuestionando la postura de D”s respecto a Ninevé y esto le causaba una terrible angustia (Alshij).  D”s sólo le respondió:  “¿tanto disgusto te trae?”  e hizo crecer imprevistamente un árbol de kikaión (algunos identifican este árbol con un ricino) que poseía un follaje frondoso y protegió a Ioná del sol recalcitrante.  Ioná se alegró considerablemente con esta inesperada fortuna.   Sin embargo, al amanecer del día siguiente, D”s envió un gusano que atacó al Kikaión dejando a Ioná desguarnecido frente al viento cálido y el sol ardiente.  Ioná volvió a sentirse decepcionado y reiteró su súplica a D”s objetando que no quería vivir más.  A lo cual D”s le respondió:  Tu te lamentas por el Kikaión que no te esforzaste por él ni lo plantaste, que en una noche apareció y en una noche se perdió - ¿y yo no mostraré sensibilidad hacia Ninevé, una ciudad tan grande con tanta población (120.000 niños inocentes y aun más adultos)?
El libro de Ioná termina aquí.  No nos cuenta más.  Lo que pasó con Ioná personalmente no lo sabemos.  El Ialkut Shimoní (parte del Midrash) dice que Ioná cayó sobre su rostro en aquel momento y respondió:  “(D”s!) conduce a tu mundo con el atributo de la misericordia, tal como está escrito: ‘de D”s dependen la misericordia y el perdón’”.
Hasta aquí la historia  ¿Cuáles son las enseñanzas?
 
La Mishná en Ta’anit cuenta que cuando en Israel escaseaba la lluvia, se decretaban ayunos sucesivos para pedir clemencia de D”s.  En estas ocasiones, el anciano del pueblo hablaba a la población y le observaba que en Ninevé no dice:  “y D”s observó su ayuno”, sino: “y D”s observó “su proceder que se habían apartado del mal”.  El objetivo no es el ayuno (si bien, obviamente lo debemos cumplir), sino el cambio que debe generar  en nosotros.  Ayuno sin Teshuvá (arrepentimiento - remordimiento) es un acto estéril.
 
Asimismo, los Sabios califican la Teshuvá (contrición) como un “acto engañoso  (Talmud Ierushalmi Ta’anit 2:1).  ¿Qué significa esto?  ¿No dice, acaso, (Pirkéi dRabi Eliezer) que los habitantes de Ninevé estaban cercanos (fáciles de influenciar) a la Teshuvá?
Para responder a esta pregunta, debemos entender que la Teshuvá puede funcionar en varios niveles.  Lo más habitual es que una persona se asuste de las consecuencias directas de una acción (p.ej., fumar), y que esto le sirva como disuasivo para alejarse del hecho.  La Teshuvá de Ninevé perteneció a esa categoría.  Por lo tanto sus habitantes corrigieron sus acciones externas, devolvieron lo que habían robado, etc. (Meshej Jojmá, Pinjás).  Sin embargo, no se modificó su cosmovisión que trajo aparejado el pecado y que quedó latente en su ser íntimo para volver a incurrir en él.  Su proceder fue el resultado del miedo de la amenaza de destrucción (Bet Elokim).  Si bien para Ninevé, que no goza de la Mitzvá de Teshuvá constante como los judíos, esto puede ser suficiente, no es el caso respecto a Israel.  Por consiguiente, la consecuente demanda recriminatoria a Israel temida por Ioná, seguía en pie:  si Ninevé era capaz de una Teshuvá, si bien periférica, tanto más se esperaba de Israel que logre una Teshuvá total!  (Rabbi Noson Scherman en la introducción a Ioná – Artscroll)
 
Por último.  Veamos cómo continuó la historia.  Ninevé se salvó.  Asiria (cuya capital era Ninevé) pasó a convertirse luego en “la vara de D”s” mediante la cual castigaría al reino norte de Israel y a otras naciones e inquietaría a la ciudad de Ierushalaim (que a última hora se salvó).  Al final, Asiria cayó al igual que todos los imperios que fueron decadentes moralmente.  ¿Les sirvió la Teshuvá?  Sólo para salvarse en el momento.  Si la Teshuvá hubiese estado acompañada de un proyecto espiritual para el futuro, Asiria hubiese cumplido otro rol distinto, más sensible, al de ser los verdugos de la humanidad.  La Teshuvá momentánea repitió la actitud de Kaín, la de Ishmael, hijo de Abraham (cuando estaba muriéndose de sed en el desierto) y otros que se alejaron transitoriamente de sus pecados.  No tuvieron un efecto duradero.  Tal como sucedió con Ninevé, D”s responde a la Teshuvá de la gente y le brinda nuevas oportunidades dándole más vida.  Esto no garantiza que los beneficiarios de la bondad Di-vina utilizarán esta benevolencia correctamente....
Frente a esta historia, nos debemos preguntar:  ¿qué naturaleza tiene nuestra actitud en Iom Kipur?  ¿es superficial como la de Ninevé o es firme y durable?  ¿llega a la esencia de nuestro ser modificando nuestra visión y acción en su conjunto?  ¿tenemos proyectos valiosos para el futuro?

domingo, 30 de mayo de 2010

JONÁS I


JONÁS 1
La palabra de Yahveh fue dirigida a Jonás, hijo de Amittay, en estos términos: 
 «Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella que su maldad ha subido hasta mí.»


Asistimos a uno de esos extraños “castings” de Dios, quien, por su propia iniciativa, otorga una misión a la persona menos indicada para la misma. 
Ya he comentado como la figura de Jonás ben Amittay evoca a un profeta ultranacionalista, pues bien, a éste le encarga Di_s la misión de anunciar al mayor enemigo posible de Israel que Dios es amor, también para él.
Sorprende también la sencillez. casi  ingenua del texto: 
La palabra de Yahveh fue dirigida a Jonás
Nuestra mentalidad occidental, moderna y científica nos acribilla a preguntas:
¿Cómo lo hizo? 
¿Fue una aparición? 
¿Se sirvió de un sueño? 
¿Ya no habla Dios a los hombres? 
¿Me habla a mí? 
¿Si oigo “la palabra de Yahveh”, no será una alucinación esquizoide?
Sin embargo, el modo que un hebreo tiene de explicar qué es la fe es escasamente técnico y para nada abstracto. Cuando La palabra de Yahveh es dirigida a alguien, enseguida hemos de mirar su historia personal, por que esa comunicación con Dios es un conocimiento experiencial. En esas revelaciones se dan detalles de que tanto la iniciativa como la fuerza parten de Dios, no del hombre. La misma historia de Israel empieza en una forma tan curiosa como la de Jonás y también en clave de paradoja, casi de comedia.
Dios elige entre todos los hombres a uno. 
¿Qué quiere de él? 
Hacerse un pueblo. 
¿A que “semental” elige para la tarea? 
A un anciano estéril. 
Definitivamente Dios es el “otro” absoluto, y su modo de obrar es a partir de la libertad.
Hay palabras que engañan, porque al pronunciarlas queremos decir una cosa pero quien las escucha entiende otra. Una de esos términos es “fe”. Cuando la oímos, corremos el riesgo de entender la fe como la creencia en la existencia de Dios, así el hombre de fe es el que cree en la existencia de Dios, el ateo no cree y el agnóstico no se define. Pero Abraham no entra en ese juego de debatir si Dios existe o no, no piensa en el motor inmóvil ni cosas similares. Abraham, simplemente, encarna la fe y la manifiesta como la aceptación de una relación de tipo personal con un Dios único. 
Con esto cambia el problema: ya no se trata de creer en que existe Dios el tema es creer en que el hombre existe para un Dios que se cuida de él.
Aunque el relato sobre Abraham es sobradamente conocido, haré una pequeña sinopsis: 
Abraham es un patriarca ya anciano que vive en Ur de Caldea. Es un hombre politeísta, pastor y nómada. Está casado con Sara, anciana ya y estéril. Posiblemente ha rezado a todos sus dioses para que le den un hijo. Posiblemente ha hecho todo lo que estaba a su alcance para lograr su sueño y todo ha sido un absoluto fracaso. Siendo ya anciano se le dirige Dios, y cuenta la Biblia que lo hace con la misma sencillez que usa con Jonás: 
Génesis 12, 1-3: Yahveh dijo a Abram: «Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición. Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra.»
Una orden: Vete, sal del sitio en el que estás. 
Y una promesa: De ti haré una nación grande y te bendeciré. 
Dios será el autor, la mano que escribe. Pero requiere de Abraham, el instrumento, el lápiz que dibuja las letras. 
Y para eso debe dejar “su tierra”, abandonar el mundo religioso en que vivía para entrar al mundo de la fe. Esto requiere que se de una “conversi­ón”. 
Los seres humanos tendemos a lo tangible, a aquello que vemos y podemos comprender como propio. Abandonar esa inercia requiere un cambio, un descubrimiento de lo ci­ego que se es al fi­ar­se nada más de lo que pu­eden ver nuestros oj­os, poner nuestra seguridad en una ilusión falsa, en un mundo “Matrix”. 
Sin es­te cam­bio no hay fe. 
He aquí la ra­zón pro­fun­da por la que la fe es in de­mos­t­rab­le: es un cam­bio del ser, y só­lo qu­i­en cam­bia la re­ci­be. 


Además, la fe no es irrevocable: al contrario la fe es un cambio di­ari­amen­te nu­evo, una conversión constante, un continuo frotarse los ojos, una rup­tu­ra ar­ri­es­ga­da que im­p­li­ca la osa­día de ver la verdad en lo que no se ve.
Es el salto que da Abraham cuando sale y el camino que recorre paso a paso encabezando una fe que pasará, eslabón en eslabón, hasta mt, que eresotro engarce entre lo que oyes y lo que transmites. 
Abraham conquistará la fe poco a poco, a través de hechos concretos cuyos detalles podemos leer en el libro del Génesis. Como un niño, que no aprende de golpe sino en un proceso paulatino, Abraham va descubriendo el rostro que ese Dios que le ha hablado le va mostrando. Y el anciano, que sin saber es modelo de lo que es la fe, se transforma en un pedagogo que nos manifiesta:


  • Que Dios no dicta de sí mismo lecciones magistrales, no le dice: “Mira Abraham, yo soy trascendente, omnisciente, todopoderoso”. Los griegos tienden a abstraer los grandes conceptos, descarnan la realidad y universalizan lo concreto mediante una teoría. Los judíos, en cambio, explican los conceptos atrapándolos en historias. Para hablar de la fe nos cuentan una vida. La catequesis que consistía en memorizar atributos, es Ur, es religión, no es para nada, la fe.


  • Dios cuando se revela, cuando habla, usa el lenguaje de los hombres: interviene en una historia, interactúa con las personas. Hay hechos concretos, no elucubraciones. Abraham no reflexionó sobre Dios, vivió los hechos que Él le proponía y descubrió detrás de todos los acontecimientos, la intervención divina.


  • La exquisitez de la Revelación: Dios usa el oído, pese a que el hombre religioso prefiera la visión. El oído tiene la gran sutileza de proponer a lo lejos y de dejarte libre para escuchar o no. La visión determina más. Lo que oyes admite siempre más dudas que lo que ves y sin embargo es más real la voz de la madre a través del teléfono que la sonrisa congelada en una fotografía. La religión se alimenta de certezas, la fe siempre lleva detrás la sombra y el lastre de la duda.


  • La obediencia nace de la libertad. El hombre jamás pierde el libre albedrío, la capacidad de elegir a cada instante entre una cosa y otra. La fe no se plantea de una vez y para siempre sino que nace a cada momento de nuestra libertad para decir “Sí”. Abraham cree al salir de Ur, pero confirma su fe en cada paso que da y dará el “Sí” definitivo cuando sea libre para sacrificar el fruto de sus esfuerzos. Moria es descubrir que Dios provee, pero es descubrir también que si Dios pide a Isaac es por que tiene poder incluso para Resucitarlo. El oro se aquilata al fuego. La fe no es menos valiosa.


  • En la religión, el hombre se compromete con Dios, si hablamos de la fe, el compromiso es de Dios con el hombre. En Génesis 15 se narra este pacto: Dios pide a Abraham que parta en dos una serie de animales para firmar una alianza con él. El ritual consiste en que las dos partes que traban un trato pasen entre las mitades de los animales del sacrificio. El sentido es aceptar que si fallan a los términos del tratado, corran la suerte de las bestias sacrificadas y desmembradas. Abraham prepara el ritual, con dudas contra las que batalla. Lo leemos en Gn 15, 10-11 (Tomó él todas estas cosas, y partiéndolas por medio, puso cada mitad enfrente de la otra. Los pájaros no los partió. Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres, pero Abram las espantó). El resultado, sin embargo, es sorprendente. Dios sólo es quien pasa, quien carga con el peso del trato, quien se compromete. Génesis 15, 17-19 (Y, puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre aquellos animales partidos. Aquel día firmó Yahveh una alianza con Abram, diciendo: «A tu descendencia he dado esta tierra, desde el rió de Egipto hasta el Río Grande, el río Eufrates: los quenitas, quenizitas, cadmonitas, hititas, perizitas, refaítas, amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos.»). Dios pondrá la gracia, pero si el hombre se niega a ser recipiente esta se desparrama sin poder cumplir su misión.


  • La conclusión de esta historia es simple: Dios se revela, da pistas para que todos advirtamos su presencia, habla a cada hombre en su historia concreta, nos invita siempre a salir de nuestros criterios para proponernos una misión algo que tu y nadie más pude hacer.
Todo eso está ante nuestros ojos, como cuando vemos una película de Sherlok Holmes. 
Cada uno de nosotros tenemos los elementos que nos permiten pasar a la fe, como Abraham y podemos ver que Dios viene a clamar esa inquietud concreta que llevamos en el corazón. 
Un hijo y una tierra (en el fondo es trascendernos, vencer la muerte y vivir más allá de nuestra vida, aunque sea en la herencia genética que dejamos en otro ser) 
Abraham eres tu, soy yo, es cada creyente porque su historia tiene el valor de una parábola. Como Abraham todos tenemos los elementos que nos permiten percibir la presencia de un Dios en nuestra realidad… Ahora bien, algunos son Holmes, otros son Watson. 
Holmes une, percibe, discrimina. 
Watson va a remolque, es lento y bastante más torpe. 
Nosotros desentrañamos el misterio porque Sherlok (Abraham) se lo explica a Watson. 
¿Y cuál es el misterio? 
¿Qué es la fe? 
Es, mi querido Watson, descubrir que Dios no es indiferente a nuestro sufrimiento, que hay que salir de la casa de tu padre, que son tus criterios, tus planes y tus ideas, para caminar por el desierto, en donde no hay caminos, en donde la duda es la gran compañera. 



jueves, 27 de mayo de 2010

¿POR QUÉ JONÁS?

Conocí al profeta Jonás siendo muy niña, a través de una lectura de castellano. Entonces me pareció que se copiaba de la historia de Pinocho, más tarde me enteré que más bien era al revés, Carlo Colodi conocía aquel relato milenario. Hace no mucho volví a leer el libro de Jonás, ya no la vieja adaptación infantil, sino el libro bíblico "de verdad" y su lectura me llevó a  reflexionar sobre la libertad de Dios y la libertad del hombre.
Así, pensando en Jonás e investigando cosillas sobre él me he dado cuenta de que el Profeta es un icono perfecto para definir al “hombre de Iglesia”, esa persona que toma lo que le han dicho acerca de Dios como algo absoluto e indiscutible cuando simultáneamente contempla que la realidad, el futuro, que Dios está poniendo delante de él, a través de su historia personal, discurren por cauces que él no sólo no conoce sino que incluso rechaza.¿Cómo puede ser que Dios actúe de un modo que choca con lo que a él le han enseñado de Dios? 
En realidad no hace falta ser un gran sabio para concluir que la libertad que Dios da a los hombres va en contra de su misma divinidad, (estropea, por así decir, el plan de armonía que ha diseñado) y da a la criatura alas para sentirse creador y obrar incluso en contra de los designios divinos.
Pero voy a hablaros, aunque sea brevemente, del libro de Jonás.  Si os interesa leerlo necesitaís una Bíblia (si no teneis, en Google hay de todo). Buscais Antiguo Testamento y en él los Libros proféticos. Y allá está.
No es para dar culturilla, pero hay que decir, para entender el contexto del personaje, que el texto fue escrito allá por el siglo V aC, después del exilio. Tampoco os creais que es una obra biográfica o un libro de oráculos, sino que se trata de una “ficción didáctica” que pretende dar una moraleja, como cualquier buena parábola.
Literariamente la podríamos inscribir en el género del midrhas (Un cuento que busca o revela el conocimiento más profundo de las cosas). Un recurso común en los midrashim es la atribución de la acción narrada (o del texto) a un personaje histórico, que se transforma en el protagonista. Evidentemente, ese protagonista es elegido en relación a lo que se pretende transmitir. Por ejemplo, a Salomón se le atribuyen obras sapienciales y a David salmos.
En el caso del Libro de Jonás, el protagonismo le es adjudicado a Jonás ben Amitai, profeta en la época de Jeroboam II (2 R. 14:25) (Para situaros,  varios, siglos anterior a la composición de la obra).
El tal Jonás, Hijo de Amitai de Gata-Hefer vaticinó, en tiempos de Jeroboam II, que Israel recobraría sus fronteras desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá (Es decir, volvería a las lindes del primitivo territorio de las tribus). No se si estáis muy familiarizad@s con la figura histórica de Jeroboam II así que por si acaso, aclararé que es un personaje exaltado por el nacionalismo. Jonás, asociado a su imagen, se hiergue como un campeón armado de la ortodoxia profética, un referente del nacionalismo expansionista y triunfante. El Jonás del libro de Jonás encarna mas su símbolo que su figura real.En suma, que el relato de sus andanzas no es biográfico sino iconográfico, la encarnación de un estereotipo.
El mismo nombre, Jonás, (Yonáh en hebreo) significa “paloma” metáfora que con frecuencia designa a Israel a quien Jonás personifica.
El  Jonás simbólico nos acerca al Jonás ben Amitai de Gat Héfer, personaje histórico que en su día ostentó el celo religioso de Elías y Elíseo, e inflamó su corazón con ideales nacionales y hasta militares. Una paloma con corazón de halcón, pero paloma al fin, que el Señor envía a llevar un mensaje de conversión al verdadero depredador, al halcón "de verdad", al asirio, invitándolo a hacerse vegetariano.
En época del libro, a la vuelta del exilio, la necesidad de preservar la integridad religiosa y cultural del pueblo, determina una intensificación de la línea nacionalista, de modo que el libro de Jonás se yergue como una crítica feroz, un latigazo que muestra que los paganos, (tanto la tripulación de la nave como los habitantes de Nínive) están mucho más abiertos a la fe y a la conversión que los exclusivistas del palo de Jonás.


Este es el trasfondo del Libro de Jonás, un midhrás lleno de acertijos e irónicos juegos de palabras (que perdemos en las traducciones) y que parodia un engaño trágico: La elección del pueblo de Israel no puede derivar en un chauvinismo xenófobo sino que lo aboca a una misión universal entre los demás pueblos.
Jonás es citado en los Evangelios. El “signo de Jonás” (Mt. 12. 39-40; 16. 4; Lc. 11. 29-30) es el único que se le dará a los que piden señales para creer en Jesús. Mateo explicita que se refiere a la resurrección y los tres días en el sepulcro. Pero además hay otras dimensiones: la predicación o envío profético a los paganos, su conversión y su perdón. En segundo lugar, Jesús usa el Libro de Jonás para oponer la fe de los ninivitas y la incredulidad de sus contemporáneos (Mt. 12. 41; Lc. 11. 32), aspecto que nos permite  ver que el ecumenismo y el diálogo interreligioso son imprescindibles.

miércoles, 26 de mayo de 2010

LEON FELIPE

LEON FELIPE dijo una vez: "Los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino". Tristemente el destino de un poeta en este país suele ser la posibilidad de "salir en un exámen" o en los tejemanejes de las polémicas sobre la memoria histórica.
León Felipe es el nick de Felipe Camino Galicia de la Rosa, nacido en 1884 en Tábara, pueblo de Zamora. Era hijo de un notario y por ello un niño de la buena burguesía. Estudió farmacia y llegó a tener una botica, pero pronto se cansó de la monotonía de las recetas,  los jarabes, las aspirinas y los demás remedios y ese hastío le llevó a dejar  esa vida y embarcarse en aventuras que le acercaran a sus semejantes.
Y una de sus primeras decisiones fue viajar por España como actor de una compañía ambulante. Más tarde penetrará en el mundo de las prisiones al ser condenado por realizar un desfalco. 
Su primer gran amor, una chica peruana llamada Irene Lambarri que conoció en Valmaseda (Vizcaya), consigue sosegarlo por un tiempo, pero pronto se separan y León Felipe deja  Barcelona y va a Madrid, probablemente ya con la idea de dedicarse a la poesía. En Madrid emprende una existencia bohemia, de prostíbulos y calle, que le lleva incluso a pasar algunas noches en las antiguas pensiones donde se permite dormir a los menesterosos sentados en un banco y apoyando la cabeza en una soga que sueltan a primera hora de la mañana:
He dormido en el estiércol de las cuadras, 
en los bancos municipales, 
he recostado mi cabeza en la soga de los mendigos 
y me ha dado limosna 
-Dios se lo pague- 
una prostituta callejera..


De ese tiempo surge su primer libro de poemas, Versos y oraciones de caminante que leyó hacia 1919 en el Ateneo de Madrid.
Al poco tiempo inicia sus estancias fuera de España: Primero solicita un empleo en los hospitales de Guinea y se embarca para la isla de Elobey en donde pasa  tres años para volver a España por poco tiempo y embarcarse, esta vez, hacia México. Allí se dedica a la enseñanza, actividad que recuerda la de Antonio Machado, al que siempre consideró su maestro. Conoce a Berta Gamboa, profesora también, con quien se casa. El matrimonio pasa a vivir a Norteamérica, donde traduce a Waldo Frank y a Walt Whitman y escribe un largo poema tituladoDrop a star. 
Al estallar la guerra civil española en 1936 vuelve a su tierra, totalmente identificado con el gobierno republicano y constitucional. Su experiencia es desgarradora. En 1938 huye del bando nacional y se exilia definitivamente en México en donde ha vivido hasta su muerte.
 A diferencia de otros poetas, a León Felipe no se le ha llegado a reconocer el valor de su obra.  Por un lado, se le sitúa a caballo entre la Generación del 98 y la del 27, sin darle plenas credenciales en ninguna de las dos. Por otro, su origen burgués hizo que algunos lo encasillaran bajo la etiqueta de "señorito de provincias" aunque, como hemos visto, él rechazara desde su juventud tal condición. Su largo exilio republicano en México impidió que los críticos de la España franquista le prestaran atención aunque su obra fue respetada, valorada y querida por sus compañeros de exilio y por la crítica mexicana. 
De León Felipe es el poema que abre el blog

GERALT